Durante los últimos años la Formación Continuada se ha ido desvirtuando desde un primer momento en que en la década de los 80 todas las leyes sobre la cuestión se hicieron para elevar la cualificación de los trabajadores para equipararnos al ámbito geográfico en el que acababamos de ingresar: EUROPA, hasta el día de hoy en el que se ha convertido en una vía extraña de financiación de organizaciones empresariales y sindicales e incluso de posibles corrupciones. La falta de mecanismos de control ha llevado a esta situación de desprestigio de un gran logro social y cultural de los trabajadores.