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El Hospital del Niño Jesús de la Provincia de Tucumán, se encuentra ubicado en una zona céntrica de la ciudad de S. M. de Tucumán. Al mismo concurren niños de hasta aproximadamente quince años de edad, provenientes de todo el noroeste argentino. En su mayoría éstos concurren a consultorio externo, pero muchos de ellos, ya sea por razones económicas, geográficas o por las características de la enfermedad, permanecen internados.
El Hospital cuenta, entre muchos de sus servicios, con una biblioteca móvil dependiente de la Municipalidad de la ciudad, la misma es para uso exclusivo de los niños internados. Ubicada en el segundo piso del Hospital, consiste en un pequeño armario, que se encuentra en el pasillo, entre las salas 6 y 7. Esta biblioteca se incluye dentro de un programa de animación a la lectura, que cuenta con otras bibliotecas distribuidas en los barrios, parroquias, otras instituciones.
El objetivo para la cual fue creada esta biblioteca, consistía en dar a conocer el libro, fomentar e inducir a la práctica de la lectura, con una perspectiva fundamentalmente cultural y educativa, en niños por lo general de clase sociocultural baja. Lo que significa en grados extremos, el desconocimiento del libro, debido a la situación económica que imposibilita la compra y por lo tanto el acceso a los mismos, a esto se agrega, la falta de estimulación familiar, ausencia de libros en los hogares y en otros casos, porque se relaciona la lectura al ámbito específicamente escolar.
Mi función en la biblioteca consistía en realizar la distribución de los libros cama por cama, a partir de una selección del material bibliográfico con el cual contaba la biblioteca, considerando las características de los libros: tipo de ilustración, cantidad de texto escrito, tapa blanda y tapa dura para los más pequeños.
Antes de mi incorporación a la biblioteca, se me informó que había permanecido cerrada durante muchos meses, el motivo era por la dificultad que presenta el trabajar con niños enfermos, que implica el enfrentamiento de situaciones altamente angustiantes, por agravamiento o fallecimiento de niños, llevando a una alta deserción por parte de los responsables de la biblioteca (hasta ese momento se habían seleccionado estudiantes de pedagogía o de letras para ocupar ese puesto de trabajo).
LA INSTITUCION
Desde mi lugar de trabajo pude observar la realidad institucional y el modo en que se manejaban las emociones por parte del personal de trabajo, que pasaba desde la absoluta indiferencia, a la lástima y piedad por los niños. Indiferencia como actitud defensiva, que terminaba por convertir el trabajo en una actividad sin objetivos. Y la piedad, que derivaba en un intento de solucionar problemas y necesidades que superaban ampliamente las posibilidades del personal.
A partir de la situación que se presentaba en la institución y tomando los conocimientos que tenía de Psicología, opté por demarcar mi espacio en la institución y establecer lo que implicaba mi rol en la biblioteca.
Un espacio que tuve que defender de múltiples intentos de invadirlo (intentando utilizar la biblioteca para otros fines, buscando derivar libros para donaciones, prestamos, etc.). Evitando de esta manera quedar involucrada en las cuestiones internas del personal, lo que me significó un trabajo solitario, pero con la libertad imprescindible para poder realizarlo. Otro factor que posibilitó ésto es que laboralmente dependía de la Municipalidad y no del Hospital.
Con respecto al rol, que en primera instancia se definía en términos de “animación a la lectura”, es decir incitar o inducir a un niño a leer, consideré más conveniente lograr de alguna manera que los niños llegaran a pedir un libro, buscando el modo de producir demanda. Partiendo de la idea que inducir a un niño a leer, era seguir con el modelo escolar, imponiendo al libro aún de los modos más sutiles (como por ejemplo: plantearlo en términos de beneficios futuros), hasta maneras más humillantes y agresivas. Maneras que en general tienen un efecto opuesto al esperado, porque derivan en el rechazo del libro; por lo que se hacía necesaria una separación entre las obligaciones escolares y los libros de cuento, buscando lograr el conocimiento del libro y el descubrimiento del placer de la lectura, que acompañaría al niño, si él así lo quería, a lo largo de su vida.
Considerando que las imposiciones escolares y los discursos sociales, como por ejemplo “a los niños no les gusta leer” o “prefieren mirar TV” que se presentaban tanto en los niños, como en los padres (y en los cuales yo también creía), y que tenían fuertes efectos, pero intuyendo, que los libros tanto por sus ilustraciones, como por las historias que narran, debían resultarles atractivos a los niños; decidí enfrentar el negativismo y la indiferencia inicial, que se presentaba tanto en el no querer tomar un libro, como en el agarrar dos o tres sin hacer ningún tipo de selección, lo cual dejaba en evidencia que el niño no los pensaba leer.
LA DEMANDA
Para lograr producir demanda, planee distintas estrategias de trabajo. En primera instancia, consideré que los niños debían percibir la absoluta libertad de leer o no. Sin emitir juicios de aprobación o desaprobación, lo que bajaba la ansiedad inicial, pero que implicaba darle el tiempo que el niño necesitaba para llegar a pedir un libro y poner en juego su deseo. Buscando el modo de dejarlo frente al libro y sus intereses.
En los casos en que el negativismo era muy acentuado, por ejemplo la madre decía: “no le dejes por que no le gusta leer”, cerrando toda posibilidad de acceso, tenía libros especialmente reservados para situaciones así, le mostraba al niño un libro que seguro estaría de acuerdo a sus gustos (como por ejemplo un libro de “Tom y Jerry”) y para sorpresa de la madre el niño tomaba al libro con entusiasmo. A partir de allí, había un cambio de actitud por parte de ambos.
Mi trabajo consistía, en instaurar la presencia del libro, haciendo intervenciones y utilizando todos los recursos que estuvieran a mi alcance, de acuerdo a cada situación y a cada niño en particular, teniendo en consideración variables como: la edad cronológica del niño, el nivel cognitivo aparente y lo manifiesto a nivel de intereses y expectativas.
Los niños percibían la libertad de aceptar o rechazar el libro, por lo tanto cuando pedían un libro era el deseo del niño lo que se ponía en juego, frente a una oferta que consistía fundamentalmente en mostrárselos para que pudieran conocerlos, observarlos, etc.
A partir de las intervenciones se lograba que la próxima vez que se hiciera la distribución, hubiera un cambio de actitud con respecto al pedido de los libros. La primera presencia del mismo, movilizaba algo del orden del deseo, que estaba relacionado, no sólo con la distracción, sino con el descubrir la lectura, imaginar, pensar, fantasear. Lográndose de esta manera, en un alto numero de casos, producir demanda.
UN NUEVO LUGAR PARA EL LIBRO
Aunque mi trabajo era del orden específicamente cultural, los conocimientos que me brindaban la Psicología y el Psicoanálisis, fueron de gran utilidad. Percibir el estado emocional del niño enfermo y su familia, buscar producir demanda del libro, estar atenta a las actitudes transferenciales (a las cuales no di ningún tipo de respuesta), y sobre todo para observar un fenómeno que comenzó a presentarse y que estaba en relación con el lugar que comenzaron a ocupar los libros de cuento, tanto para los niños como para los padres.
Si en un primer momento buscaba producir demanda y es algo que se logró, la modalidad con que se pedían, sufrió una transformación notable a medida que transcurrió cierto tiempo. Los libros comenzaron a ser demandados con un énfasis demasiado intenso como para seguir considerándolos un entretenimiento.
Hubo situaciones, en que los padres y algunos niños que podían caminar, cuando veían aparecer los libros, se abalanzaban todos juntos sobre el carrito de los libros (revolviéndolos, quitándoselos de las manos), produciendo un verdadero caos, que por momentos era imposible de manejar, (considerando que debía anotar título de la obra, nombre y edad del niño, etc.).
También fue cambiando la manera en que los libros eran recibidos, los mismos producían un cambio en el estado de ánimo de las salas, el ambiente triste y sombrío del Hospital, en el momento que los libros hacían su aparición, se transformaba en un ambiente alegre y de distensión, muy lejano a la realidad y a la situación en que se encontraban muchos niños (con enfermedades incurables o en riesgo de muerte).
Otro fenómeno que generaban era la comunicación o un cambio de esta, de los niños entre sí y entre los padres. Brindaban un argumento distinto del que hablar, que no fuera el habitual. Produciéndose una socialización entre los integrantes de las salas, prestándose los libros, leyéndolos juntos, comentándolos, etc. A la vez que producían un fortalecimiento de vínculos o acercamiento entre padres e hijos. Como también de parte de los adultos de las salas que se acercaban a los niños que se encontraban solos (sin un pariente que los estuviera acompañando), ayudándolos en la elección de cuentos, para leerles, etc.
Todos estos hechos (y muchas otras situaciones cotidianas que sería extenso detallar), me hicieron pensar que los libros producían un efecto de orden psicológico, poniéndose en juego afectos y hasta descargas del mismo, causando bienestar en niños y padres.
El lugar que los libros estaban ocupando frente a la angustia que produce la enfermedad (y la muerte), se pudo observar en una situación de mucha angustia que se produjo en las salas 6 y 7, donde un niño entró en paro cardíaco y frente a todos los niños internados y los padres; los médicos y las enfermeras corrían llevando tubos de oxigeno y otros elementos, mientras la madre y familiares del niño, lloraban y gritaban en un estado de desesperación extrema, (en el momento en que llego a la biblioteca), lo que se vivía en las salas 6 y 7 era una situación traumática, porque se estaba produciendo el hecho más temido en el Hospital, que es la muerte de un niño.
Si bien, en un primer momento consideré inadecuado repartir los libros; luego de que hubieran pasado cuarenta minutos, y el niño hubiera sobrevivido al paro; viendo que la angustia y el temor en las salas había disminuido, decidí repartir los libros. Creyendo que iba a haber una actitud negativa por parte de los niños y los padres, teniendo en cuenta la situación que se acababa de vivir. Sin embargo la decisión que tomé, estaba de acuerdo a lo que observaba con respecto al lugar que ocupaban los libros. Si bien la actitud con que fueron recibidos (fundamentalmente en los padres más que en los niños), fue diferente a la que se venía produciendo, el número de libros pedidos, fue mucho mayor (casi el doble) al que se pedía habitualmente.
Mi puesto de trabajo en el Hospital no me permitía indagar más allá y determinar exactamente qué efectos psicológicos producían los libros en los niños y en los padres (que seguramente eran de distintas características). Sólo pude remitirme a lo observado y a realizar ciertas intervenciones que me permitieran poner a prueba la hipótesis de que los libros, producían efectos psicológicos, causando o generando bienestar.
EL LIBRO COMO ELEMENTO SIMBÓLICO
Bruno Bettelheim, (tomando la teoría de Piaget), plantea que, al ser el pensamiento del niño hasta la pubertad, un pensamiento animista, las explicaciones y soluciones a los problemas son también de tipo animista, es decir que los cuentos, le explican mejor al niño, que las explicaciones científicas para las cuales es necesario contar con un pensamiento objetivo. Es decir, para el niño las soluciones mágicas a los problemas que le brindan los cuentos, son más comprensibles a su tipo de pensamiento que la que les ofrece la medicina científica.
Según Bettelheim, el niño se identifica con el héroe del cuento (y a la omnipotencia de éste), pudiendo de esta manera “compensar con su fantasía y a través de la identificación, todos los déficit reales o imaginarios, de su propio cuerpo”. Al igual que el héroe “puede hacer que su cuerpo sea y haga todo lo que él desee. Después de haber satisfecho sus deseos más intensos mediante la fantasía, el niño puede sentirse mucho más conforme con su propio cuerpo”.
Los cuentos ayudan al niño a que los sentimientos no sean negados, rechazados o degradados, sino que le permiten “superar las sensaciones de completa desesperación”. El libro le sirve como punto de apoyo, frente a problemas a los cuales no puede enfrentarse solo, permitiéndole a través de la fantasía darle un significado personal a la historia que lee.
Gallo, J.E. en el texto “La literatura como agente de facilitación”, también plantea que según Bettelheim, “las historias de cuentos de hadas alivian la angustia experimentada por el niño, a la vez que le permiten identificarse favoreciendo, de esta forma, una aceptación de situaciones desagradables, como también ayudan a resolver conflictos internos”. Pueden funcionar como “facilitadores para la elaboración de la angustia vivida por el niño, pudiendo volcar al exterior sus miedos o problemas internos, por lo que el cuento no lo dejará a merced de la inmovilidad causada por la angustia”.
A partir de lo observado en el Hospital, los libros de cuento producían:
- Comunicación: entre padres y niños.
- Sociabilización: entre los individuos que permanecían en las salas.
- Fortalecimiento de vínculos o acercamiento: entre adultos y niños.
- Cambio positivo en el estado de ánimo: de niños y adultos, generando bienestar.
Y tomando lo que plantea Bettelheim de acuerdo a sus investigaciones, con respecto a lo que posibilitan los libros:
- Las explicaciones y soluciones a los problemas en los cuentos están de acuerdo al tipo de pensamiento animista del niño.
- Identificación al héroe y a su omnipotencia.
- Generador de fantasías (realización del deseo).
- Reconocimiento de sentimientos.
- Ayuda en la resolución de conflictos internos.
- Y elaboración de la angustia.
Se puede plantear la hipótesis de que los libros tenían efectos terapéuticos, que si bien no responde al modelo clásico que supone la presencia de un vínculo dual entre un Psicólogo y un paciente, es lícito considerar como terapéutico, en tanto que producen modificaciones en la percepción y tramitación de afectos que de otro modo generarían conflicto.
CONCLUSIÓN
Sería importante, que los Psicólogos tomaran en cuenta a los libros de cuento como una herramienta de trabajo que llega a todos los niños internados del Hospital. Conociendo y dando respuesta a la importancia y al lugar que tanto los niños como los adultos les daban a los libros de cuento. Importancia y lugar que estaban en relación directa a los efectos y bienestar que sentían que les producían.
A partir de esta experiencia, los espacios en que los libros puedan ser utilizados como herramienta de trabajo, serán espacios que el psicólogo podrá buscar o crear.
BIBLIOGRAFÍA
- AUTOR ANÓNIMO, “una prevención que hace síntomas”, Revista de psicología, espacios y propuestas. SEPRA.
- BETELHEIM, B (1980). “Psicoanálisis de los cuentos de hadas”. Bs. As. Paidós.
- FREUD, S. (1994). “El poeta y los sueños diurnos”. Bs. As. Amorrortu.
- FREUD, S. (1994). “La novela familiar del neurótico“. Bs. As. Amorrortu.
- GALENDE, E. (1990). “Psicoanálisis y salud mental: para una crítica de la razón psiquiátrica“. Bs. As. Paidós.
- GALLO, J. E. (1998). “La literatura como agente de facilitación“.
- LAPLANCHE, J. Y PONTALIS, J.B. (1993) “Diccionario de Psicoanálisis“. Barcelona. Ed. Labor.
- POSTIC, MARCEL.(1989). “La relación educativa“. Madrid. Ed. Narcea.
- REYNOSO,R. (1980). “Patologías y clínica infanto- juvenil“. Bs. As. De Belgrano.
Fuente: Fedap.
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