PUNTO DE VISTA: EL COPAGO FARMACÉUTICO YA EXISTE, PERO DEBERÍA DESAPARECER
Fuente: Acta Sanitaria.
![]() Carlos Nicolás |
Madrid 28/05/2008 Siempre que se plantea el copago sanitario, normalmente sus promotores lo hacen en relación con la prestación farmacéutica y suelen dejar de lado, o ignorar, que ya existe. Es decir, que más que apostar por el copago debería hacerse sobre la modificación del mismo. A no ser que se refieran al conjunto de las prestaciones sanitarias del Sistema Nacional de Salud (SNS), en las que no existe copago. |
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Dado que, cuando se habla de copago, la referencia suele ser la prestación farmacéutica, debe admitirse que el existente ha fracasado, algo lógico cuando se trata de una medida discriminatoria, por cuanto se impone a los ciudadanos en activo y se exonera del mismo a los jubilados. De ahí que, al menos desde mi punto de vista, la primera medida a la hora de pensar en el copago sea acabar con la discriminación existente y, de ese modo, se acabaría con otra de las críticas que suscita el mismo, como es el trasvase de recetas de activos a las de pensionistas, algo lógico siempre que se den excepciones más beneficiosas a las que uno puede acogerse sin muchos problemas. Al poner fin a esta desigualdad se pondría fin al coste que comporta tal desvío de recetas y que ha sido cuantificado en numerosos estudios.
Conciencia del gasto En segundo lugar, y puesto que con la introducción del copago se pretende que el usuario tome conciencia del gasto que comporta la prestación, bastaría con una aportación mínima para conseguirlo. Es más, en algún caso ni se precisaría de tal aportación: bastaría con que se diera opción a elegir (y sólo a título de ejemplo) entre un medicamento genérico, que podría ser gratis, y uno de marca, que obligaría a una aportación, con independencia de ser activo o pensionista. Aquí sí que debería introducirse la discriminación, pero no entre los ciudadanos.
En este contexto, me llama la atención que muchos de quienes propugnan el copago lo sigan haciendo solamente sobre la prestación farmacéutica y, además, manteniendo la discriminación entre las personas, a las que distribuirían según sus rentas, sin diferenciar el tipo de prestaciones que reciben. Ayer mismo, la Asociación Nacional de Consumidores y Usuarios de Servicios de Salud, ASUSALUD, insistía en una propuesta que había hecho a favor de los medicamentos esenciales, cuyos efectos son sobradamente conocidos y sus precios muy inferiores a la media del mercado.
Sin embargo, las campañas de marketing no sólo se han encargado de transmitir la idea de son medicamentos para los países desarrollados, idea que al parecer comparte el ministro de Sanidad, sino que la Administración debe asumir los nuevos tratamientos y dejar al libre mercado (pagado por los ciudadanos) los más antiguos, de mayor uso y, normalmente, de menor precio. Así no se va a ninguna parte y lo han demostrado las medidas adoptadas en tal sentido.
Carlos Nicolás.- Director de ACTA SANITARIA |
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