Tormenta en la sanidad
Fuente: Granada Hoy
TRUENA como nunca sobre la sanidad pública. En Granada, en particular, amplificadamente. El ruido es tremendo. Por un lado, algunos médicos, que se hacen llamar rebeldes de las batas blancas, predican con vehemencia los desaciertos e imperfecciones de la sanidad. Por otro, los sindicatos sermonean sobre la hipotética manipulación de las listas de espera ("maquillaje", dicen rebajando la maniobra a un asunto de estilismo). Y, de otro, una asociación de usuarios, especializada en buscar y denunciar negligencias médicas, y de camino en encontrar clientes para su red de abogados, insiste ante el fiscal para que investigue una contaminación por hongos en el departamento de Hematología del Virgen de las Nieves.
Sí, truena y diluvia sobre la sanidad pública y el fragor es a veces tan intenso, en particular en Granada, que parece que el sistema está al borde del colapso. ¡Cuidado! El sistema público de salud no es una organización trivial. Es, más bien, una de las instituciones claves de nuestros sistema social, quizá el más importante instrumento de igualación social que pervive de los viejos tiempos de las utopías y la fraternidad. Pervive a pesar de los fallos, de las prédicas del liberalismo y de la enorme carga presupuestaria que supone su mantenimiento. El sistema de salud, como el de pensiones, representa la supervivencia del estado social sobre el de la libre competencia. Y aunque en la práctica es indiscutible y necesario en la teoría es vulnerable. Cualquier predicador neoliberal tiene argumentos para desollarlo y vender luego su piel a la sanidad privada.
¿Qué es lo que pasa en la sanidad pública? En apariencia nada extraordinario. Los usuarios lo sabemos. Funciona razonablemente bien, incluso mejora en muchos aspecto, lo que es meritorio si aceptamos que es un derecho universal que suma, día a día, nuevos demandantes. Hay deficiencias, sin duda. Errores, masificación, listas de espera… Sería un fraude que la Administración utilizara el prestigio del sistema de salud para tapar las carencias o para mantener las anomalías. En una sociedad desarrollada como la nuestra la mejora de los servicios sociales es una obligación indeclinable de los gobiernos.
Pero sería una atrocidad mayor que se usaran las imperfecciones del sistema de salud para socavar la confianza de los usuarios y, en cierto modo, para dinamitarlo. Y que los usuarios, llevados por un ciego espíritu crítico, estuviéramos de acuerdo. ¿Ocurre esto hoy? Quizá, yo al menos sí vislumbro la carga política que envuelve determinadas actitudes en apariencia constructivas, pero cuya tenacidad es sospechosa. Ojo, pues. Desconfiemos.
Quizás también le interese:
- En prueba
Popularity: 11% [?]
Imprimir este Post
Leido 1933 veces.-





/rating_on.png)


/rating_off.png)

















