EL MIRADOR (DE JUAN GÉRVAS): PODER |
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![]() Juan Gérvas |
Madrid 08/02/2010 Lo sucedido con la gripe A, en especial la actitud de las autoridades sanitarias después de haber quedado en evidencia la inanidad de sus planteamientos, provoca esta reacción de Juan Gérvas que, desde la sanidad pasa al poder y desde éste a aquélla, para intentar comprender cómo se ha actuado. |
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Querer es poder. En ese sentido poder es la capacidad de transformar el entorno externo e interno. Se precisa ese querer como punto de partida. Es “la gana”, tan española en ese “no me da la gana”, o en su contrario “porque me da la gana”. Desde dentro surge una fuerza que uno tendería a localizar en tronco de encéfalo por su componente motor y de “despertar” capaz de conjunción irracional con el primitivo rinencéfalo para dar como resultado esa volición, ese ánimo de movimiento, de cambio, de acción siquiera sea mental. Es el poder, la capacidad de transformar el entorno externo e interno. Pero primero es el querer, la gana, la determinación. Ese “aquí y ahora” que incluso a veces asombra a uno mismo. “¿Por qué hoy y aquí, y no ayer o mañana, allá o más allá?”.
Determinación El mayor enemigo para el cambio es uno mismo. “Todo hombre es escultor de su propio cerebro” dijo Cajal, en el sentido de la capacidad de superación que todos albergamos en nuestro más íntimo yo. Pero uno mismo es también el mayor enemigo para entregarse con armas y bagajes al enemigo. Uno pierde todas las batallas que no emprende. Las peores, las de la dejadez del día a día, las que se pierden con la falta de ganas, con el “mañana lo haré”. Todo queda a diario para mañana y así pasan días, años y la vida. Vida que se vuelve indigna cuando la falta de ganas y la ausencia de determinación llevan a aceptar la derrota vital de vivir sin dignidad. Dignidad personal y dignidad de nuestros pacientes. La falta de determinación se traduce en la práctica en la aceptación sin crítica del camino fácil, de la senda trillada, del “sí, señor” ante cualquier proposición. Es un sinvivir de rodillas. Es una falta continua al compromiso de la relación de agencia con nuestros pacientes. Los pacientes precisan la determinación de sus médicos. Los pacientes están indefensos en la jungla de la enfermedad, del enfermar, de la organización sanitaria y del mercado. La determinación del médico de mantener y actualizar conocimientos y habilidades es clave para el paciente. Con formación y determinación el médico es capaz de dar respuesta a las necesidades de los pacientes y sus familiares. La dejadez mental, la pereza profesional y la indolencia científica producen indignidad. El médico acepta cualquier solución como la mejor y no defiende el mejor interés del paciente ni frente a la organización sanitaria ni frente al mercado. La indignidad lleva a falta de compromiso, a ver los casos como simples y meros “casos”, a no comprometerse con el sufrimiento que conlleva la enfermedad. La enfermedad y el enfermar Los que no saben nos quieren enseñar con su mal inglés que no se pueden traducir fácilmente disease y sickness. Lo primero referido a la enfermedad en sí (cáncer de mama con metástasis cerebrales, por ejemplo) y lo segundo para designar el sufrimiento y la forma de vivir, la “impregnación”, por la enfermedad (el impacto de ese cáncer y sus metástasis sobre la mujer, su vida y su entorno). Para todos nosotros, enfermos y pacientes, es muy fácilmente distinguible la enfermedad del enfermar (en inglés, respectivamente disease y sickness). Es decir, es fácil diferenciar lo común de lo particular, lo general de lo singular, lo normativo de lo intuitivo. La enfermedad se suele poder describir bien en los tratados médicos, responde a un esquema y es común a muchas personas. El enfermar es experiencia personal e intransferible que se describe bien en la novela, en la poesía, en el cine y en el teatro… y en la consulta del buen médico. La enfermedad es una entelequia, un concepto, una norma, una forma de entender el sufrimiento humano. El enfermar es sufrimiento, miedo, angustia, fantasía de muerte y de ausencia, cambios imperceptibles en la percepción del entorno íntimo y externo, y modificaciones de la vida diaria. En el Reino Unido la palabra sickness alude también a la sensación que en español denominamos “ganas de vomitar”, con o sin náuseas. Hasta cierto punto el enfermar es un poco eso, las ganas de expulsar la enfermedad, de vomitarla, de “renunciar” a ella. Pues la enfermedad, cierta o imaginaria, es algo que el enfermo no querría padecer. El paciente no querría ser enfermo pues la enfermedad y sus complicaciones se le “imponen”. No es raro que el paciente busque un buen médico, un médico con ganas, con determinación y capaz de aceptar el reto de dar respuesta a la enfermedad y al enfermar. Ese médico necesita querer para poder pasar de la vulgaridad negligente centrada en la enfermedad a una inteligente actitud de comprensión centrada en el paciente, en el enfermar. Poder político La psicología del político es casi psicopatología, y más en sistemas de partidocracia tipo España. Aquí lo que predomina en los líderes es la ambición desmedida, capaz de sumirse en la obediencia al partido hasta lograr el suficiente poder como para poner el partido al servicio de la propia ambición. Querer es poder, capacidad y determinación para saber que se “responde” ante el partido no ante la población. La determinación sirve para entender y aceptar esta organización en la que el partido se convierte en la norma y el bien general. Por eso la democracia está ausente de los partidos españoles en las que todo se “cuece” lejos de los militantes, en donde los “congresos” son simples actos de propaganda y las listas cerradas se cierran sin elecciones ni transparencia. La lista cerrada independiza al político de los electores y lo encadena al partido. Es un poco como ver el mundo del enfermar a través de las enfermedades, como si éstas existieran en sí mismas. El partido todo lo justifica por más que sólo sea expresión de la ambición de los líderes y así “todo para el partido” es en realidad “todo por el líder”. No es extraña entonces la corrupción. No es extraño que en las clasificaciones de Transparency International España sea cada vez más corrupta y que países como EEUU, Uruguay y Chile sean más transparentes y menos corruptos. Poder y Sanidad Los estudios de la psicología del poder confirman que “el poder corrompe”. El poder corrompe sobre todo a los que más lo desean. El poder corrompe y lleva a una auto-complacencia tal que justifica la corrupción propia al tiempo que hace intolerable la ajena. Los más ambiciosos son los menos auto-críticos. Los más corrompibles son más ambiciosos y más tolerantes con su corrupción y son los que muestran menos señales de arrepentimiento. Abusan del poder y se creen autorizados para hacerlo. Yerran y persisten en el error. Pienso en todo ello al leer las declaraciones de la Ministra y Consejeros de Sanidad, y de la Directora de la OMS manteniendo que harían lo mismo que han hecho en la gestión de la crisis de la pandemia de gripe A. Machos y hembras alfa, poderosos y exigentes que se creen autorizados para ni arrepentirse ni reconocer errores. Verlos y oírlos dan ganas de vomitar. Juan Gérvas ( www.jgervasc at maditex.es) es Médico General y promotor del Equipo CESCA |
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Fuente: Acta Sanitaria.














