By Tomás Ardid
Parece que a este ciudadano ensotanado le molesta o le atormenta las imágenes que plasmó nuestro gran pintor Francisco de Goya. Parece que es un mal que va unido a toda la derecha, esa que dice ser tan patriota y tan conservadora ¿De qué’ De sus carteras; porque lo que es del Patrimonio Histórico y Natural de Madrid les trae al pairo, si se trata de colmar las ansias enladrilladoras de terrenos sin construir, o de egolatría y megalomanía que poco encaja con un buen cristiano.
Hace pocos días -algo más de una semana (las fotos están fechadas)- tuve la oportunidad de pasar por las obras que se están haciendo detrás del “bodrio” en que ha terminado la Catedral de Madrid -cuyo diseño originario era muy diferente al que hizo el dudoso arquitecto Chueca Goitia- y me quedé perplejo de cómo, a pesar de las protestas ciudadanas, estos pastores de seres humanos llamados obispos y demás curia pomposa y de boato supérfluo muy poco acorde con el voto de pobreza, están arrasando con uno de los pocos lienzos de muralla árabe que quedaba en Madrid, de la que tengo recuerdos de infancia y juventud, en la que supongo habrán respetado una imagen cristiana que había en aquel lienzo en pleno principio o final -según se mire- de la cuesta de la Vega -aquella famosa del dicho que estos “mulhas a la cristiana” (que no digan de los Talibanes con los budas que ellos están haciendo lo mismo con el patrimonio árabe y sino que se lo pregunten al obispo de Córdoba que quiere convencernos de que la Mezquita de Córdoba no existe)-.
He procurado hacer un seguimiento más o menos habitual al conflicto generado entre los embajadores del cielo en la tierra y los vecinos. He seguido blogs, internet, con imágenes y pensaba que lo mismo era exageración. En dicho popular: lo visto supera las imágenes anteriores.
Porque estos gorrones de siglos, en la más pura usanza de la picaresca española, lo que les ha sido donado por los madrileños lo toman como si fuera de su propiedad, y en zonas concretas como el del Parque de la Cornisa especialmente catalogado de protección. Los embajadores del cielo vienen “benedictos”, perdón bendecidos -que las dos palabras vienen de la misma raíz latina- por la gracia divina para arrasar con lo que haga falta. Por mi parte no tienen ni puñetera la gracia ellos ni su delirio ultraterreno. No es de extrañar que los vecinos sigan en litigio por parte del muro que todavía queda si Alá no lo remedia.
Os dejo con las fotos que he obtenido con un poquillo de paciencia eso si:
Un rojillo infiltrado en el ático.















