Hoy es un mal día para la libertad de pensamiento. Para los que son partidarios del pensamiento único hoy será un día de júbilo. Para los papanatas que miden la libertad en el nivel de audiencia y de ventas también. Para los que hemos visto en el Diario Público el referente que recuperaba los caminos truncados de otros, cuyo último representante, a mi modesto comprender, fue el Diario El Sol que era un proyecto cultural y formativo con claro componente progresista en su orientación, es un mal día. Pluralismo, independencia, progreso, izquierdismo -porque no- todo ello bien combinado, desde la sensatez, honorabilidad, y objetividad, sin "salidas de madre" ni contenidos en clave de diatriba o libelo como practica la Brunete mediática, sin que se tipifiquen esos comportamientos que quedan impunes, o sin pretensiones paternalistas o tutorializantes del pensamiento en el que se han instalado algunos supuestos "gurus" de la libertad informativa.
He esperado a hoy para este breve comentario, que me hace retomar, después de un largo silencio, el teclado para esbozar, si cabe algo sobre una actualidad que a cualquier progresista, de izquierda con objetivos socialistas para nuestra convivencia social le preocupan y le inquietan sobremanera. Como cuentan blogueros amigos y Diarios digitales que leo habitualmente, la edición de papel de nuestro mejor referente en la información y formación de ciudadanía de progreso en nuestro país ha dejado de existir. Ayer fue la última edición.
Es un muy pequeño blog el mío pero expreso mi más sincero afecto y solidaridad con los trabajadores de Público, que han sabido en estos 5 años de existencia reacreditar la labor periodística que hoy vuelve a eclipsarse en una nueva oscuridad rotativa de rollos de tinta manipuladora, desinformativa y aculturizante. Espero que Internet todavía nos mantenga este referente. Que la tristeza no sea tanta.
Será bueno aquello atribuido a Don Vicente Bravo Murillo de que no hay que enseñar a leer y a escribir a un obrero porque deja de ser obrero, o aquella animalada atribuida a monárquico entrecejo de "Nada más lejos de Nos que la peligrosa novedad de discurrir". Vamos dados.











