Nota Editorial: Breve pero bueno, muy bueno el comentario de Martín Pacheco en Levante-emv en la edición de ayer:
Hoy es un día extraño para escribir columnas en Valencia: hoy es un día para escribir redacciones sobre las Fallas o para abrir una sección de discos dedicados en el día del padre y a todas las Pepas y Pepitos. Algo así como un escrito inflamado de retórica campsista sobre lo viejo que arde y se renueva y lo nuevo que renace con la primavera; algo así como «entrando por los jardines, saliendo por los rosales, oí una voz que decía: Mª José, felicidades»; o «del pino sale la piña; de la piña sale el piñón y, en el "día del padre", el amor de mi corazón». Papá seguiré tus huellas. Dicho y hecho, pasemos a otra cosa.
Hace 15 días, el presidente Fabra, en el Club Diario Levante, defendía una administración menos intervencionista y paternalista; dar más libertad a los ciudadanos y protagonismo a la sociedad civil; un proyecto liberal que centraba la función del Estado (de mínimos, supongo) en lo básico: sanidad, educación y bienestar social. Apenas quince días después, lo más conspicuo de la sociedad civil, si por sociedad civil entendemos el entramado social de la producción y el intercambio, es decir, la Asociación Valenciana de Empresarios (AVE), le tomaba la palabra y le cogía la mano hasta el codo: los empresarios valencianos quieren asumir, además de la producción de mercancías, esfera que le es consustancial como clase propietaria de los medios de producción, las áreas de sanidad, educación y transporte público, es decir, el área de los derechos fundamentales de los ciudadanos, esos mínimos básicos de los que se ocupaba el Estado fabrista en cuanto sociedad civil políticamente organizada, es decir, sociedad política o Estado.
El siguiente paso, supongo, sería la desaparición del Estado, no tras la dictadura del proletariado, sino por la anarquía libérrima de los mercados: un Estado lastre y rémora que estorba y encarece. En fin. Uno percibe una confusión enfermiza entre lo privado y lo público, lo individual y lo colectivo o social, entre las mercancías y los derechos, entre la sociedad civil, fuente de todos los bienes e iniciativas, y la sociedad política, origen de todos los males y freno al libre progreso de los individuos. Y por encima de esa confusión, dos hipótesis que todos los experimentos del presente refutan: que necesitamos más decisiones económicas para «mejorar» la economía, que decisiones políticas para aminorar sus desmanes; y que la gestión privada es más eficiente que la pública y sin la pública. Verlo para no creerlo.










