Son gente muy respetable, y amparada por las leyes: son los intermediarios. Ellos compran las naranjas a los campesinos a 0’09 céntimos de euro el kilo y nos las venden a 1,43 euros el kilo. Mientras los agricultores lo pasan mal, los almacenistas y distribuidores se pasean por el país en sus flamantes...
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